Infertilidad…

Cuando la pregunta ¿y para cuándo los niños? se convierte en una pesadilla

 

El problema de la infertilidad está cada vez más presente en las sociedades desarrolladas, no sólo por el aumento de las personas que la padecen sino por los grandes avances que se han producido en el campo de la reproducción asistida. Se predice que debido a los patrones de vida y las repercusiones que tiene la infertilidad en la sociedad, pueda convertirse en un problema social de primera magnitud en unos años (Llavona, 2008).

 

Cuando una persona o pareja decide dar el paso de tener hijos se experimentan un sinfín de emociones: ilusión, miedos (¿saldrá todo bien? ¿seré capaz?), entusiasmo… Pero en muchos otros casos el proceso se convierte en un largo camino cargado de malas noticias, frustración, impaciencia e indignación.

 

Los problemas de fertilidad han sido tratados habitualmente en sus dimensiones biomédicas. Sin embargo, estos problemas cada día exigen una mayor intervención de equipos interdisciplinares ya que las dificultades para tener hijos no se asocia únicamente a las limitaciones orgánicas. Según algunos estudios, el 15% de las causas de infertilidad tiene un origen desconocido desde el punto de vista médico (Jeraro, Moreno-Rosset, Antequera y Flores, 2008). Y aunque se encuentren causas orgánicas en un 80% de los casos, no es posible separar la parte médica del estado psicológico del que lo padece. Desde 2005, la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) reconoce el papel relevante del psicólogo y cuenta con el Grupo de Interés de Psicología con el objetivo de incrementar el conocimiento y comprensión de los aspectos psicológicos y emocionales implicados en la salud reproductiva, tanto por parte de los especialistas implicados como de los pacientes.

 

Se considera infertilidad, cuando una pareja tiene dificultades para lograr la gestación tras un año de relaciones sexuales sin métodos anticonceptivos. La Organización Mundial de la Salud incluye a la infertilidad dentro de los enfermedades crónicas. Pero es evidente que tiene ciertos matices: no afecta a la funcionalidad de ningún órgano, no impone limitaciones físicas a los que la padecen, no presentan sintomatología y no existe una amenaza real para la propia vida (Antequera, Moreno-Rosset, Jenaro y Ávila, 2008). Por ello, muchas personas no son conscientes de que la padecen hasta que tienen el deseo de tener hijos.

 

Con la llegada de la tecnología de reproducción asistida muchas de estas personas consiguen el deseado embarazo mediante la ayuda de la inducción a la ovulación, la inseminación artificial (con semen de la pareja o con semen de donante), la fecundación in Vitro (con semen de la pareja, semen de donante, o con donación de ovocitos). Con estas técnicas también se ha conseguido que mujeres sin pareja masculina, ya sean homosexuales o mujeres que desean afrontar la maternidad de manera individual puedan quedarse embarazadas.

 

Epidemiología y causa de la infertilidad

 

Afecta a un 15% de la población en edad reproductiva de los países occidentales, por lo que 1 de cada 6 parejas presentan problemas para tener descendencia. Estas cifras están en evolución creciente.

 

Los estudios han hallado que la infertilidad en 25-40% de las parejas obedece a una causa masculina (problemas de erección, eyaculación, menor concentración de espermatozoides, menor porcentaje de movilidad y mayor porcentaje de morfología anómala, entre otras), mientras que en 45-50% recae la responsabilidad en la mujer (problemas en el endometrio, síndrome del ovario poliquístico, trastornos de ovulación, mala calidad de los óvulos, obstrucción de las trompas…) y aproximadamente en 15% se cataloga como infertilidad por causas desconocidas, no encontrándose ningún factor que explique la imposibilidad de tener hijos después de una investigación completa.

 

En más de la mitad de las pacientes que consultan por infertilidad está presente el factor cronológico. La fertilidad humana varía con el tiempo, y las probabilidades de embarazo (tanto de manera natural como con técnicas de reproducción asistida) descienden con la edad. La capacidad reproductiva de la mujer presenta su máxima fecundidad entre los 20 y 30 años, debido a la reserva ovárica (combinación resultante del número de óvulos y de la calidad de los mismos). Todas las mujeres cuentan con un número limitado de óvulos en su cuerpo, pero lo importante no es sólo la cantidad sino también si están más o menos preparados para convertirse en embriones una vez sean fertilizados. Uno de los grandes cambios sociales que está afectando a la infertilidad es la incorporación de la mujer a la vida laboral, que ha generado que se retrasen las gestaciones debido a las dificultades de conciliar la vida familiar y profesional. En estos momentos hay un incremento de lo que se denomina “edad reproductiva social” que está en conflicto con la “edad reproductiva biológica”.

 

Problemas asociados a la infertilidad

 

La infertilidad no constituye en si misma una psicopatología (Moreno-Rosset, 2000), sin embargo en algunos casos llega a producir un impacto emocional tan fuerte que ocasiona problemas psicológicos graves. El proceso que supone afrontar un diagnóstico de infertilidad, someterse a repetidas pruebas y técnicas de reproducción asistida supone un proceso largo y estresante que sitúa a las personas que lo padecen en riesgo de desarrollar problemas emocionales y de desajuste ( Fassino, Pierò, Boggie, Piccioni y Garzaro, 2002). La frustración y la ansiedad que genera el no poder tener hijos puede provocar una gran tristeza, desesperación, desesperanza, impotencia y una gran sensación de pérdida y vacío. Un sentimiento común es la culpabilidad, se culpan a ellos mismos por haber retrasado el momento de ser padres, puede haber acusaciones a la pareja como causante de la infertilidad, o a los médicos si no se llega al resultado deseado.

 

Esos sentimientos afectan al estado de ánimo produciendo cambios en su comportamiento, como desinterés por las actividades diarias, cansancio, malestar, ganas de llorar y se aíslan socialmente. Este aislamiento viene por el miedo a enfrentarse a preguntas desafortunadas como: ¿ y para cuándo los niños?, ¿cuándo me vas/vais a hacer abuelo/a?, ¿no lo habéis conseguido aún?, ¿de quién es el problema?. También muchas parejas dejan de relacionarse con otras parejas con niños, porque esas situaciones les recuerdan lo que ellos viven con tanto dolor. En ocasiones, además del aislamiento social, también suele aparecer un aislamiento personal, focalizándose tanto en el objetivo de ser padres que abandonan otros proyectos vitales.

 

Si se tiene relación de pareja, es muy frecuente que aparezca miedo a perder la relación debido a no cumplir con las expectativas del otro/a de tener un hijo o por no saber enfrentar conjuntamente este problema. El impacto en la pareja será más intenso dependiendo de la estabilidad de la pareja, la comunicación que haya entre ambos y las estrategias de solución de problemas que suelan utilizar. Algunos autores sugieren que los problemas de comunicación de la pareja aparecen cuando no expresan sus sentimientos respecto a la infertilidad y cuando no comparten la misma visión respecto al problema (Pash y Chriestensen, 2000). Por lo que es frecuente encontrar que uno de los cónyuges no exprese sus emociones y las reprima para proteger al otro miembro de la pareja , siendo esto visto por el otro como una muestra de desinterés que aumenta la angustia y tensión entre ellos (Flores, Jenaro y Moreno, 2008).

 

La sexualidad también se ve afectada, al asociar las relaciones sexuales a un acto obligado, y programado. La relación sexual está enfocada a la búsqueda de embarazo, eliminándose así la espontaneidad y naturalidad, y como consecuencia se experimenta una pérdida de satisfacción y placer (Moreno-Rosset, 1999). En ocasiones pueden desarrollarse a partir de este momento, trastornos sexuales.

 

El desgaste en el proceso de la reproducción asistida afecta tanto a aspectos emocionales, sociales, físicos y económicos.

 

¿Cuándo pedir ayuda?

 

Como hemos comentado no todas las parejas con problemas de fertilidad lo viven de igual manera, muchas de ellas son capaces de afrontar la situación y presentan recursos y estrategias adaptativas ante el problema. Por ello, desde el Centro de Psicología Pettca- Granada queremos exponeros cuándo sí sería necesario obtener ayuda profesional.

 

  • Cuando los niveles de estrés superen a la persona. Reducir el estrés durante un tratamiento de infertilidad por sí solo no va a resultar en un embarazo, pero el aprender estrategias para tolerarlo ayuda a tomar decisiones más racionales y a mejorar el bienestar general.

 

  • Las emociones de desánimo, negación , culpabilidad, ansiedad y miedo a fracasar sean intensas. Es muy importante que las personas que lo padecen se sientan libres a la hora de expresar sus emociones, sin tabúes ni juicios de valor.

 

  • Se detecte un desajuste emocional ante el problema de la infertilidad.

 

  • Se carezcan de estrategias de afrontamiento adecuadas para hacer frente a la situación.

 

  • Exista una baja tolerancia a la frustración o fracaso.

 

  • El problema esté afectando a la comunicación de la pareja y a la interacción entre ambos.

 

  • Se experimente una sensación de pérdida de control.

 

  • La infertilidad esté generando problemas sexuales, alteraciones en el deseo/placer en la pareja o disfunciones sexuales

 

  • Se esté obsesionado con el tema de tener hijos y se dejen de hacer actividades que antes hacía.

 

  • Exista un problema psicológico previo, ya que esta situación puede agravarlo. Si existió en un pasado algún trastorno psicológico puede estar en riesgo de volver a manifestarse.

 

  • Se carezcan de habilidades para solucionar conflictos en la relación de pareja derivados de la infertilidad.

 

  • Se haga difícil la posibilidad de un futuro sin hijos.

 

Ana Morales y Sara Coca

www.granadapsi.com

 

Referencias:

Jenaro, C., Moreno-Rosset, C., Antequera, R. y Flores, N. (2008). La evaluación psicológica en infertilidad: El “DERA” una prueba creada en España. Papeles del Psicólogo, 29(2), pp. 176-185.

Moreno-Rosset, C. (2000). Factores psicológicos de la infertilidad. Madrid: Sanz y Torres.

Flores, N., Jenaro, C. y Moreno-Rosset, C. (2008). Terapia de pareja en infertilidad. Papeles del Psicólogo, 29(2), pp. 205-212.

Pasch, L. A. y Christensen, A. (2000). Couples Facing Fertility Problems. En K.B. Schmaling y T.G. Sher (Eds.), The Psychology of Couples and Illness: Theory, research & Practice (pp. 241-267). Washington DC: American Psychological Association.

Moreno-Rosset, C. (1999). La Psicología al servicio de la Reproducción Asistida. Boletín de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), 8 (2), 2-6.

Llavona, M. (2008). El impacto psicológico de la infertilidad. Papeles del Psicólogo, 29(2), pp. 158-166.

Parada Muñoz, L. M. (2006). Infertilidad y pareja: construcciones narrativas como horizonte para la intervención. Perspectivas en Psicología,2(1), 149-158.

Antequera, R., Moreno-Rosset, C., Jenaro, C.y Ávila, A. (2008). Principales trastornos psicológicos asociados a la infertilidad. Papeles del Psicólogo, 29(2), pp. 167-175.

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