“Las emociones no pueden dimitir”. Analizamos “Del revés”

La nueva película presentada por Pixar, de Pete Docter, narra la historia de una niña preadolescente contada a través de su emociones. Ryle se ve obligada a tener que mudarse con su familia, dejando su zona de confort y afrontando nuevas situaciones. El espectador entra de forma literal en el cerebro de Ryle, siendo las emociones las grandes protagonistas de la historia, también recorreremos las zonas de la memoria (recuerdos esenciales, memoria a largo plazo, memoria a corto plazo, olvido), razonamiento abstracto, conciencia, pensamiento…

Para desarrollar los aspectos técnicos de la historia, el director contó con la colaboración del psicólogo pionero en estudios sobre las emociones Paul Ekman y Dacher Keltnerdelreves,  profesor de Psicología en la Universidad de California. Desde las investigaciones de Darwin, se considera que hay seis emociones básicas (alegría, tristeza, asco, miedo, sorpresa e ira) que en la película quedan reducidas a cinco (alegría, tristeza, asco, miedo e ira). Evidentemente nuestro repertorio de emociones es muchas más amplio pero sería una locura tener tantos personajes en la película.

Nos gusta que en la película no se planteen emociones buenas o malas, sino todas necesarias y adaptativas. Las emociones son las representaciones/interpretaciones que hacemos del mundo externo, por tanto son modificables y aprendidas. Su función es la de preparar al organismo para que actúe ante los acontecimientos externos. Explicaremos a continuación las distintas emociones básicas de la película y su utilidad:

La ira surge cuando interpretamos que otra persona nos ha ocasionado algún daño, supone una ofensa y tiene como objetivo la protección de la identidad personal.

El asco se relaciona con sabor, aspecto, de los alimentos. Es adaptativa porque podria evitar un envenenamiento. También podemos sentir esta emoción asociada a ideologías.

El miedo tiene que ver con nuestra seguridad personal y surge cuando nos sentimos amenazados, por lo que tiene la función de protegernos.

La tristeza surge cuando tenemos alguna pérdida, seres queridos, confianza, posesión, que nos sirve para intentar recuperar lo perdido o para desahogarnos y aceptar esa pérdida. En la sociedad no está bien vista, pero es igual de útil que las demás y fundamental para resolver problemas.

La alegría surge cuando alcanzamos nuestras metas o llegamos a satisfacer nuestros objetivos, la alegría hace que la sociedad nos acepte y ayuda a tener más y mejores relaciones sociales. Sin duda, esta fue la gran protagonista de la película, así como de todos los acontecimientos de nuestra vida.

Todas ellas son importantes. Vivimos en una época en que nos disparan por todos lados mensajes positivos y motivadores, que están muy bien, pero siempre y cuando también se nos permita estar tristes, enfadados y asustados y que no temamos demostrarlo. Es muy importante saber expresar nuestras emociones (positivas y negativas) para una buena salud psicológica.

Las emociones ejercen un papel muy importante también en nuestros recuerdos, pudiendo cambiar un recuerdo feliz a triste. Aunque bien es cierto que los recuerdos son más fácilmente recuperables cuando volvemos a experimentar el mismo estado emocional en el que sucedió. Si recuerdas algún acontecimiento en un momento triste puedes modificarlo y que se vea influenciado por ese estado en el que te encuentras.

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También aparecen en la película, las llamadas “islas de la personalidad” que son aspectos de nuestra personalidad que actúan como fortalezas y que cuando éstas se debilitan nos hacemos más vulnerables ante los acontecimientos externos. Desde pequeños, vamos creando las fortalezas más importantes de nuestra vida, y el papel que tienen los padres y el entorno familiar en estas islas de la personalidad es fundamental y decisivo.

En definitiva, es una película muy didáctica y que recomendamos. Si bien es cierto que hay fallos desde el punto de vista científico (como que la memoria a largo plazo es inalterable, que hay una emoción básica más, que puede dar la una imagen reduccionista del cerebro…), es una película destinada a niños y eso explica determinadas simplificaciones. Creemos que es una buena manera de acercar a los más pequeños al mundo emocional, y a la importancia de expresar todas las emociones que sentimos. Quizás un buen detalle podría haber sido que el protagonista fuese un chico. Siempre asociamos el mundo emocional a las mujeres, dejando de lado al hombre como si ellos no estuviesen influidos ni tan siquiera por las emociones más básicas.

Sin duda, la película responde muy bien a la pregunta ¿Qué pasa en nuestra mente? una compleja red de emociones y pensamientos, de acuerdo a lo que vemos y nos explican las situaciones de ansiedad y estrés, en el paso de la niñez a la adolescencia. Distintas maneras de interpretar la realidad, con las pocas herramientas que se tienen a esa edad.

Nos quedamos con la moraleja de la película que podemos representar con esta frase citada por el miedo cuando le superan los problemas y dijo que quería dimitir, a lo que le contestaron las demás: ”Las emociones no pueden dimitir”. No puedes huir de ellas y tanto las consideradas positivas como las negativas son esenciales para nosotros y forman parte de nuestra supervivencia.



Sara Coca Arco y Ana Morales Carmona
Psicólogas. Centro de Psicología PETTCA-GRANADA
www.granadapsi.com

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